viernes, 31 de octubre de 2014

FELIZ HALLOWEEN!

Hola visitantes,

Aqui Centurión reportandose para desearles a todos los fans de Percy Jackson 1 FELIZ HALLOWEEN!!!!!



Me alegra saber que hayan más fans como yo en el mundo que leen los libros de Rick Riordan,
(Una de las mejores sagas fantásticas desde HP)
y que han seguido a Percy Jackson desde el comienzo!
Y que también se interesan en la mitología como yo!

Espero que disfruten leer los capítulos traducidos en este blog, y no se olviden que pronto podrán leer “La Casa De Hades” traducción oficial, y además el próximo año publicaré los capítulos de La Sangre Del Olimpo en Su Traducción Oficial Al Español ;) cuando el libro sea lanzado en su versión español!

Pero por ahora si alguien tiene alguna duda, pregunta o sugerencia  me pueden escribir aquí!

Asi que...Feliz Halloween a todos, que tengan dulces espantos y recuerden: si ven algun zombie suelto por ahi en la calle, a mitad de la noche, entonces: 1- o comer todos esos dulces les cayó muy mal y estan alucinando,   2- O eso significa que Nico di Angelo  anda cerca, y en ese caso yo si fuera ustedes comenzaría a preocuparme... 3- O quiere decir que algun psicópata peligroso disfrazado de zombie anda suelto, amenos que se trate de un verdadero zombie, de todos modos nada termina bien en las peliculas de terror que has visto, asi que te recomiendo que CORRAS lo mas rapido que puedas!!! y por lo que mas quieras no tropieces... si no quieres acabar como todos esos cadaveres en [•REC]!.... 

Pero no te preocupes, de todas maneras, cuales son las probabilidades de que te encuentres con 1 zombie en la noche de Halloween? Aunque en Halloween todo puede ocurrir...bueno, ahora me despido ya que alguien esta tocando la puerta....¿Qué fue ese ruido?....... vidrios rotos? la ventana esta rota...? que raro hay pisadas detras d..........

FELIZ HALLOWEEN!

Para la escalofriante noche de Halloween, nada mejor que aprender sobre las tradiciones de la mitología griega que trataban de personajes de miedo y de terror, personajes con los que se asustaba a los niños u otros terroríficos y maléficos.
De niños, todos hemos conocido y pasado miedo con personajes como el Sacamantecas, el Hombre del saco, el Coco, el Tío Saín, el hombre lobo y otros muchos mitos asustaniños ya basados en personajes reales, ya en personajes de ficción
Algunos de estos personajes del mito y folclore popular tienen ciertos antecedentes en la mitología griega. Son más o menos universales dentro de las leyendas populares de todo el mundo. Vamos a conocerlos a continuación:
  • Lamia: conocida también como “Síbaris”, era un monstruo femenino que robaba niños y que las ayas usaban para asustarlos. También se decía de ella que se unía a las personas jóvenes para sorberles la sangre y que deboraba a los niños de otras mujeres por rencor y venganza. Por la maldición de Hera, se mantenía insomne y podía quitarse y ponerse los ojos a voluntad. Su final lo relata Antonino Liberal en su Compendio de Metamorfosis, VIII.
  • Mormo: genio femenino que, según las leyendas, mordía a los niños que se portaban mal y los volvía cojos.
  • Mormolice: variante de Mormo, se trata de un genio femenino terrorífico con aspecto de loba.
  • Gelo: según el léxico Suda, Gelo es un ser monstruoso al que le atraen los niños. Un escolio a Teócrito, XV, 40 nos cuenta la historia de un fantasma, un alma en pena de una muchacha muerta joven de la isla de Lesbos que atraía a los niños para llevárselos al más allá.
  • Empusa: espectro de la comitiva de la diosa Hécate que se aparece bajo diversas formas a los niños y jóvenes para alimentarse de ellos y chuparles la sangre, adoptando la figura de una hermosa mujer.
  • Harpías: las “raptoras” y ladronas por excelencia de la mitología griega. Para Hesíodo, son dos, Aelo y Ocípeta, y las llama “de hermosos cabellos”. “Perras del gran Zeus” se las llama también, pues atormentaban al anciano Fineo robándole una y otra vez la comida y dejándolo todo lleno de excrementos e inmundicia. Son seres alados, aves con rostro de mujer, garras de ave de rapiña y aspecto famélico. Roban a los niños y las almas de los seres humanos.
  • Licaón: según algunas versiones de la mitología, se trata de un rey maligno de Arcadia. En cierta ocasión, Zeus, que deseaba saber hasta qué extremos llegaba su maldad, se metamorfoseó en mendigo y llegó a su reino pidiendo hospitalidad. Se le recibió bien y se le preparó un banquete sirviéndole a un niño al que se había matado y cocinado. Zeus, indignado con Licaón, lo convirtió en lobo.

    • Gorgonas: eran tres hermanas monstruosas que habitaban cerca del reino de los muertos. De ellas, sólo la tercera, llamada Medusa, era mortal. Tenía medio cuerpo de mujer y la otra mitad de serpiente, grandes colmillos y sus cabellos eran serpientes. Su mirada era tan penetrante que convertía en piedra a el que la miraba.




Origen de Halloween; Samhain y los celtas


Los antiguos pueblos celtas, llegado el final de Octubre, solían celebrar una gran fiesta para conmemorar ”el final de la cosecha”, bautizada con la palabra gaélica de Samhain. Significa, etimológicamente, ‘el final del verano’. 
Esta fiesta representaba el momento del año en el que los antiguos celtas almacenaban provisiones para el invierno y sacrificaban animales. 
Se acababa el tiempo de las cosechas, y a partir de entonces, los días iban a ser más cortos y las noches más largas. Los celtas creían que en esta noche de Samhain(hoy noche de Halloween), 
los espíritus de los muertosvolvían a visitar el mundo de los mortales. Encendían grandes hogueras para ahuyentar a los malos espíritus.
Era la fiesta nocturna de bienvenida al Año Nuevo.

La costumbre era dejar comida y dulces fuera de sus casas y encender velas para ayudar a las almas de los muertos a encontrar el camino hacia la luz y el descanso junto al dios Sol, en las Tierras del Verano.
La noche de Samhain en la actualidad se ha convertido en la noche de Halloween.
Ejemplo de ello es  la vieja tradición de dejar comida para los muertos, hoy representada en los niños que, disfrazados, van de casa en casa, pidiendo dulces, con la frase ‘trick or treat’ (trato o truco). 
Al parecer, los celtas iban recogiendo alimentos por las casas para las ofrendas a sus dioses. Rituales que, supuestamente, incluían algún que otro  sacrificio humano y para los que preparaban un gran nabo hueco con carbones encendidos dentro, representando al espíritu que creían que les otorgaba poder.
En esa mágica noche de rituales, la noche de Samhain, se abría la puerta al más alla y  los vivos y los muertos tenían la oportunidad de poder comunicarse.


Tras la romanización de los pueblos celtas – con alguna excepción como es el caso de Irlanda- y, a pesar de que  la religión de los druidas llegó a desaparecer; el primitivo ‘Samhain’ logreó sobrevivir conservando gran parte de su espíritu y algunos de sus ritos. 

Así pues, la tradición será recogida y se extenderá por los pueblos dela Europa medieval, en especial los de origen céltico, quienes tradicionalmente ahuecaban nabos y en su interior ponían carbón ardiente para iluminar el camino de regreso al mundo de los vivos a sus familiares difuntos más queridos dándoles así la bienvenida, a la vez que se protegían de los malos espíritus.

Con el auge de la nueva religión-el cristianismo- la fiesta pagana se cristianizó después como el dia ‘de Todos los Santos’ (la traducción en inglés es, “All Hallow´s Eve”, de ahí la expresión actual de ‘Hallowe’en’).

A pesar de ello, los irlandeses , entre otros pueblos de origen celta, siguieron celebrando la tradición festiva dela noche de Samhaim, el 31 de Octubre, desde el año 100 d.C.


La noche más terrorífica del año tiene su origen en una antigua festividad celta denominada Samhain. Cuenta la leyenda que durante la noche de Samhain se estrechaba la línea que une este mundo con el más allá, de modo que los espíritus de los difuntos regresaban a la tierra de los mortales.
Para ahuyentar los malos espíritus, los antiguos celtas encendían grandes hogueras. Además, se vestían con máscaras y trajes para confundirse con esos fantasmas y pasar desapercibidos entre ellos.

La calabaza gigante típica de Halloween es uno de los iconos de esta festividad. Tiene su origen en la historia de un granjero irlandés que quiso atrapar al Diablo usando cruces. Según cuenta la leyenda, Satanás fue a casa del astuto granjero para llevarse su alma al inframundo, pero Jack pidió un último deseo, beber una ronda más con él. Cuando iban a pagar ninguno de los dos tenía dinero, por lo que Jack retó al Diablo a convertirse en una moneda y pagar con ella. Lucifer accedió, pero el granjero guardó la moneda al lado de una cruz y, para liberarlo, ofreció un trato por el cual él viviría un año más. 

Al año siguiente volvió el maligno a por su alma y, una vez más pidió un último deseo, que el Diablo cogiese una manzana de su árbol para poder comerla antes de marchar. El Demonio accedió y Jack volvió a engañarle tallando una cruz en el tronco, de manera que no pudiera bajar. Esta vez el trato para liberar a Satanás fue mayor, 10 años sin ser molestado y que, además, no volviera a reclamar su alma para el inframundo.

Después de todos los tratos, cuando murió se le cerraron las puertas del cielo, pues no había sido un hombre bueno, y tampoco pudo ir al infierno por el trato con el Diablo. De esta manera, Jack fue condenado a vagar por la nada con un nabo hueco y un carbón ardiendo dentro, y fue conocido como 'El linterna'. El nabo cambió por una calabaza en la tradición para alumbrar el camino a los difuntos.

Samhain era el señor de la oscuridad y su reino abarcaba las largas noches de invierno, en este sentido, los druidas pensaban que durante la noche del 31 de octubre los muertos se levantaban y salían en busca de la puerta hacia el otro mundo ya que se creía que a lo largo de esa noche la distancia entre ambos mundos era casi imperceptible, por ello, Samhain rondaba por la tierra durante toda la velada para capturar almas y llevarlas a su mundo de oscuridad. Todavía hoy, la tradición mantiene el hecho de que los vecinos pongan luces en sus casas para ayudar a los muertos a guiarse y poder así escapar de las garras del señor de la oscuridad.


 Feliz Halloween a todos!!!

Que tengan un buen y terrorífico fin de semana.


jueves, 30 de octubre de 2014

Agradecimiento por la Traducción Al Español.


Agradecimientos por su excelente labor a:


@ARGO III
Auri Nieve
Diego Molina Pineda
Agüin Abril
Yen~ Million
Daya DiAngelo
Jake StJames
Malkor Telaor
Jembo
Kat Mau Sanc
Gabriana
Stefen Galaxy
EnchantedCrown
FlokesW Palomita
Camila Menjivar
Emilia Berenice
Maay Lemos
Ursula Molinas
Justi Giraut
Espartana hija de Trivia.
Tibisay Castro A.
Kaori Porras
Aurora Chávez SSLPS
Miroslava Ramos C.
Stereo Bouquet

Seaweed Brain ψ

Mel_A_C

Zombiepeace
Vane
Correctores:
Abygrace
Noelfish
RosarioInés
Agogo
LindseyPérez
Rodrigo Zúñiga Carmiol
Jembo
Vamz
Zigena Kane
Erika Castellanos
Laura Pastor
Neysa Archer
Mimi Kaplun
Pao Carstairs
Valen Jackson
N. Edith Huarcaya
Abner Aguillón
Constanza Lermanda Sánchez
Tania Rivera
Kari

Keny-chan
CaroZapata
Jeomara Zambrano
Natalia Méndez Naranjo
Abril Sarahi
Lucy Sunshine
Claudia León Alarcón
Iris Chombo Valle
Kat Mau Sanc
Kayla Asher
Diseño:
Eyreval
Valerye
Edición:
Abygrace
Mary Ramirez Herondale
Revisión Final (Incompleta):

5hip


Gracias por traducir todos los capitulos al español para los fans de Latinoamerica & España!
Salutatio militaris para todos ustedes!!!

LVIII: Leo

LEO ESTABA MUERTO.
Lo sabía con absoluta certeza. Simplemente no entendía por qué le dolía tanto. Se sentía como si cada célula
de su cuerpo hubiera estallado. Ahora su conciencia estaba atrapada dentro de una crujiente y carbonizada
cáscara de semidiós atropellado. La náusea era peor que cualquier mareo que jamás hubiera tenido. No podía
moverse. No podía ver ni oír. Sólo podía sentir dolor.
Comenzó a entrar en pánico, pensando que tal vez se trataba de su castigo eterno.
Entonces alguien puso cables de arranque en su cerebro y reinició su vida.
Jadeó y se sentó.
Lo primero que sintió fue el viento en la cara, luego el dolor punzante en su brazo derecho. Todavía estaba
en la espalda de Festus, todavía en el aire. Sus ojos comenzaron a trabajar otra vez, y notó la gran aguja
hipodérmica de retracción que estaba en su antebrazo. El inyector de vacío zumbaba y se retiraba en un panel
en el cuello de Festus.
—Gracias, amigo —gruñó Leo—. Hombre, estar muerto apesta. ¿Pero esa cura? Esa cosa es peor.
Festus hizo clic y retumbó en código Morse.
—No, hombre, no hablo en serio —dijo Leo—. Estoy contento de estar vivo. Y, sí, yo también te amo. Lo
hiciste increíble.
Un ronroneo metálico corrió a lo largo del cuerpo del dragón.
Lo primero es lo primero: Leo escaneó el dragón en busca de daños. Las alas de Festus estaban funcionando
correctamente, aunque su membrana mediana izquierda había recibido un disparo y estaba llena de agujeros.
Su enchapado cuello estaba parcialmente fusionado, había sido derretido en la explosión, pero el dragón no
parecía estar en peligro de estrellarse de inmediato.
Leo trató de recordar lo que había sucedido. Estaba bastante seguro de haber derrotado a Gea, pero no tenía
ni idea de cómo sus amigos lo estaban haciendo de vuelta en el Campamento Mestizo. Esperaba que Jason y
Piper hubieran salido ilesos de la explosión. Leo tuvo un extraño recuerdo de un misil a toda velocidad precipitándose
hacia él y de gritar como una niñita... ¿de qué diablos trataba todo aquello?
Una vez que aterrizara, tendría que revisar las partes más vulnerables de Festus. Probablemente el daño
más grave sería en la zona donde el dragón había luchado valientemente contra Gea mientras ellos le sacaban el lodo a punta de soletas. Era imposible saber cuánto tiempo había volado Festus. Tendría que dejar el cielo
pronto.
La cuestión era: ¿dónde estaban?
Debajo se extendía un manto blanco sólido de nubes. El sol brillaba directamente sobre la cabeza de Leo
en un cielo azul brillante. Así que era a eso del mediodía... pero ¿de qué día? ¿Cuánto tiempo había estado
muerto Leo?
Abrió el panel de control en el cuello de Festus. El astrolabio tarareaba a lo lejos, el cristal pulsaba como
un corazón de neón. Leo revisó su brújula y GPS, y una sonrisa se dibujó en su rostro.
—¡Buenas noticias, Festus! —gritó—. ¡Nuestras lecturas de navegación están completamente dañadas!
Festus dijo, ¿Crack?
—¡Sí! ¡Desciende! Llévanos por debajo de estas nubes y talvez…
El dragón se desplomó tan rápido que le sacó el aliento a Leo.
Se abrieron camino entre la manta de color blanco y allí, debajo de ellos, estaba una solitaria isla verde en
un inmenso mar azul.
Leo gritó tan fuerte que probablemente le oyeron en China.
—¡SÍ! ¿QUIÉN MURIÓ? ¿QUIÉN VOLVIÓ? ¿QUIÉN ES AHORA TU GRAN McSHIZZLE, NENA?
¡WOOOOOOOO!
Giraron en espiral hacia Ogigia, el viento cálido en el pelo de Leo. Se dio cuenta de que su ropa estaba
hecha jirones, a pesar de la magia con la que había sido tejida. Sus brazos estaban cubiertos de una fina capa
de hollín, como si hubiera acabado de morir en un incendio masivo... lo que, por supuesto, había hecho.
Pero no podía preocuparse por nada de eso.
Ella estaba de pie en la playa, vistiendo vaqueros y una blusa blanca con el cabello de color ámbar peinado
hacia atrás.
Festus extendió las alas y aterrizó con un tropiezo. Al parecer, una de sus piernas estaba rota. El dragón se
lanzó hacia un lado y catapultó a Leo de cara contra la arena.
Fue demasiado para una “entrada heroica”.
Leo escupió un pedazo de algas de su boca. Festus se arrastró por la playa e hizo ruidos resonantes que
significaban ay, ay, ay.
Leo levantó la mirada. Calipso estaba de pie sobre él, con los brazos cruzados y las cejas arqueadas.

—Llegas tarde —anunció. Sus ojos brillaban.
—Lo siento, nena —dijo Leo—. El tráfico estaba horrible.
—Estás cubierto de hollín —señaló—. Y te las arreglaste para arruinar la ropa que hice para ti, la cual era
imposible de arruinar.
—Bueno, ya sabes. —Leo se encogió de hombros. Alguien había lanzado un centenar de bolas de pachinko
en su pecho—. Soy un gran fanático de hacer lo imposible.
Le ofreció la mano y lo ayudó a levantarse. Se quedaron cara a cara mientras ella estudiaba su condición.
Ella olía a canela. ¿Siempre había tenido esa pequeña peca al lado de su ojo izquierdo? Leo realmente quería
tocarla.
Calipso arrugó la nariz.
—Hueles…
—Lo sé. Como si hubiera estado muerto. Probablemente porque lo estuve. Un juramento que mantener con
un último aliento y todo eso, pero estoy mejor ahora…
Ella lo detuvo con un beso.
Las bolas de pachinko estallaron en su interior. Se sentía tan feliz que conscientemente tenía que hacer un
esfuerzo para no estallar en llamas.
Cuando finalmente lo dejó ir, su rostro estaba cubierto de manchas de hollín. A ella no parecía importarle.
Trazó el pulgar por su mejilla.
—Leo Valdez —dijo.
Nada más, sólo su nombre, como si fuera algo mágico.
—Ese soy yo —dijo con la voz entrecortada—. Así que… ¿quieres salir de esta isla?
Calipso dio un paso atrás. Levantó una mano y los vientos se arremolinaron. Sus sirvientes invisibles trajeron
dos maletas y las dejaron a sus pies.
—¿Qué te dio esa idea?
Leo sonrió.
—Maletas para un viaje largo, ¿eh?
—No pienso volver. —Calipso miró sobre su hombro, al camino que llevaba a su jardín y a su casa caverna—.
¿A dónde me llevarás, Leo?

—A algún lugar para arreglar a mi dragón, primero —decidió—. Y luego… donde quieras. ¿Cuánto tiempo
me he ido, en serio?
—El tiempo es difícil en Ogigia —dijo Calipso—. Se sintió como por siempre.
Leo tuvo una punzada de duda. Esperaba que sus amigos estuvieran bien. Confiaba en que no habían pasado
cien años mientras estaba volando muerto y Festus buscaba Ogigia.
Tendría que averiguarlo. Tenía que dejar que Jason, Piper y los otros supieran que estaba bien. Pero en este
momento… prioridades. Calipso era una prioridad.
—Así que una vez que salgas de Ogigia —dijo—. ¿Te mantienes inmortal o qué?
—No tengo ni idea —dijo Calipso.
—¿Y estás bien con eso?
—Más que bien.
—¡Está bien, entonces! —Se volvió hacia su dragón—. Amigo, ¿puedes hacer otro vuelo a ningún lugar
en particular?
Festus sopló fuego y cojeó alrededor.
—Así que nos vamos sin un plan —dijo Calipso—. Sin idea de a dónde iremos o qué problemas esperan
más allá de esta isla. ¿Muchas preguntas y ninguna respuesta?
Leo puso las palmas hacia arriba.
—Así es como yo vuelo, nena. ¿Puedo tomar tus maletas?
—Por supuesto.
Cinco minutos más tarde, con los brazos de Calipso alrededor de su cintura, Leo espoleó a Festus para empezar
el vuelo. El dragón de bronce extendió sus alas, y remontaron el vuelo hacia lo desconocido.
FIN 


Publicado por CENTURIÓN
                                               ἑκατοντάρχης

LVII: Piper

Piper deseó poder encantarse a sí misma hasta quedarse dormida. Pudo haber funcionado con Gea, pero
las dos últimas noches no había podido dormir nada. Los días eran excelentes. Le encantaba estar de vuelta
con sus amigos Lacy y Mitchell y todos los otros chicos de Afrodita. Incluso la consentida Drew Tanaka, su
segunda al mando, parecía aliviada, probablemente porque Piper podía manejar las cosas y eso le daría a Drew
más tiempo para los chismes y los tratamientos de belleza dentro de la cabaña.
Piper se mantenía ocupada ayudando a Reyna y Annabeth a coordinar a los griegos y los romanos. Para
sorpresa de Piper, las otras dos chicas valoran sus habilidades como intermediaria para suavizar los conflictos.
No eran muchos, pero Piper logró regresar algunos cascos romanos que misteriosamente se abrieron paso en
la tienda del campamento. Ella también evito una pelea entre los hijos de Marte y los hijos de Ares sobre la
mejor manera de matar a una hidra.
En la mañana en la que los romanos habían planeado irse, Piper estaba sentada en el muelle del lago, tratando
de aplacar a las náyades. Algunos de los espíritus del lago pensaban que los chicos romanos eran tan guapos
que ellas también querían irse al campamento Júpiter. Exigían una pecera portátil gigante para el viaje al oeste.
Piper acababa de concluir las negociaciones cuando Reyna la encontró.
La pretor se sentó junto a ella en el muelle. —¿Trabajando duro?
Piper sopló un mechón de pelo que estaba cubriendo sus ojos. —Las Náyades pueden ser un reto. Creo que
tenemos un trato. Si aún quieren ir al final del verano, trabajaremos en los detalles en ese momento. Pero las
náyades, uh, tienden a olvidar las cosas en cinco segundos.
Reyna pasó las yemas de sus dedos a través del agua. —A veces me gustaría poder olvidar cosas tan rápido.
Piper estudió el rostro de la pretor. Reyna era una semidiosa que parecía no haber cambiado
durante la guerra contra los gigantes... al menos no en el exterior. Todavía tenía la misma mirada
fuerte e invencible, el mismo rostro bello y majestuoso. Llevaba su armadura y su capa púrpura
con tanta facilidad como la mayoría de la gente usaría pantalones cortos y una camiseta.
Piper no podía entender cómo alguien podía soportar tanto dolor, tanta responsabilidad, sin derrumbarse. Se
preguntó si Reyna alguna vez ha tenido alguien en quien confiar.
—Has hecho tanto. —Siguió Piper—. Para ambos campamentos. Sin ustedes, nada de esto hubiera sido
posible.
—Todos nosotros jugamos un papel.
—Claro. Pero tú... Sólo deseo que tengas más crédito —dijo Piper.

Reyna se rió suavemente. —Gracias, Piper. Pero no quiero atención. Tu entiendes lo que es eso, ¿no?
Piper lo hacía. Eran tan diferentes, pero ella entendía lo que era no querer llamar la atención. Piper había
deseado eso toda su vida, con la fama de su padre, los paparazzi, las fotos y las historias de escándalos en la
prensa. Ella conoció a tanta gente que decía: “¡Oh, quiero ser famoso! ¡Eso sería genial! Pero no tenían idea
de lo que era en realidad. Había visto los estragos que le causaba a su padre. Piper no quería tener nada que
ver con eso. Podía entender el atractivo de la forma de ser romana, el integrarse, ser parte del equipo, trabajar
como una parte de una maquina bien aceitada. Aun así, Reyna había llegado a la cima. No podía mantenerse
oculta.
—El poder de tu madre... —dijo Piper—. ¿Puedes prestarles fuerza a los demás?
Reyna frunció los labios. —¿Nico te dijo?
—No. Yo sólo lo sentí viéndote liderar a la legión. Eso debe de drenarte. ¿Cómo... ya sabes, recuperas esa
fuerza? –dijo Piper.
—Cuando recupere esa fuerza, te haré saber. —Lo dijo como una broma, pero Piper sintió la tristeza detrás
de sus palabras.
—Siempre serás bienvenida aquí — dijo Piper—. Si necesitas tomar un descanso, alejarte... tienes a Frank
ahora, él podría asumir más responsabilidad por un tiempo. Te haría bien tomar algo de tiempo para ti misma,
cuando nadie este mirándote como pretor. — Reyna la miró a los ojos, como si tratara de medir que tan seria
era la oferta.
— ¿Esperarían que cante esa canción extraña acerca de cómo la abuela se pone su armadura?
—No, a menos que tú en serio lo quieras. Pero podríamos prohibirte jugar captura la bandera. Tengo la
sensación de que podrías ir en contra de todo el campamento y todavía vencernos. —Reyna sonrió.
—Voy a considerar la oferta. Gracias —Ajustó su daga, y por un momento Piper pensó en su propia espada,
Katoptris, que ahora estaba segura en el baúl de su cabina. Después de Atenas, cuando ella había usado la
cuchilla para apuñalar al gigante Encélado, sus visiones se habían detenido por completo.
—Me pregunto... — siguió Reyna— eres es una hija de Venus. Digo, de Afrodita. Tal vez… tal vez podrías
explicarme algo que tu madre dijo.
—Me siento honrada. Voy a intentarlo, pero tengo que advertirte: a mi madre no le entiendo nada la mayoría
de las veces.
—Una vez en Charleston, Venus me dijo algo. Ella dijo: tú no vas a encontrar el amor donde lo deseas o
donde lo esperas. Ningún semidiós sanará tu corazón. He… he cargado eso desde... —Sus palabras se rompieron.
Piper tenía un fuerte deseo de encontrar a su madre y darle un puñetazo. Odiaba cómo Afrodita podría
estropear la vida de alguien con sólo una breve conversación.
—Reyna —dijo—. No sé a qué se refería, pero sí sé esto: tú eres una persona increíble. Hay alguien ahí
afuera para ti. Tal vez no es un semidiós. Tal vez es un mortal o... o no sé. Pero, cuando este destinado a suceder,
sucederá. Y hasta que eso pase, bueno, tienes amigos. Un montón de amigos, tanto griegos como romanos.
Lo que pasa contigo es que eres la fuente de fortaleza de todo el mundo: puede que se te olvide que tú necesitas
sacar fortaleza de los demás. Yo estoy aquí para ti.
Reyna se quedó mirando a través del lago. —Piper McLean, tienes una habilidad con las palabras.
—No hubo encanto, lo prometo.
—No necesitas encanto…—Reyna ofreció su mano—. Tengo la sensación de que nos volveremos a ver.
Se estrecharon la mano y, después de que Reyna se fue, Piper sabía que Reyna tenía razón. Ellos se volverían
a encontrar, porque Reyna ya no era un rival, ya no era una extraña o una potencial enemiga. Ella era una
amiga. Ella era familia.
Esa noche el campamento se sentía vacío sin los romanos. Piper ya extrañaba a Hazel. Echaba de menos
la madera que crujía en el Argo II y las constelaciones que su lámpara solía hacer en el techo de su cabina a
bordo del barco. Tendida en su litera en la cabaña Diez, se sentía tan inquieta que sabía que no sería capaz de
quedarse dormida. Ella seguía pensando en Leo. Una y otra vez repetía lo que había pasado en la lucha contra
Gea, tratando de averiguar cómo podía haberle fallado tan gravemente a Leo.
Alrededor de las dos de la mañana, se dio por vencida al tratar de dormir. Se sentó en la cama y miró por
la ventana. La luz de luna volvió color plata el bosque. El olor del mar y de los campos de fresas flotaba en la
brisa. No podía creer que hace tan sólo unos días la Madre Tierra se había despertado y casi había destruido
todo. Esa noche parecía tan tranquilo... tan normal.
Tap, tap, tap. Piper casi golpeó la parte superior de su litera. Jason estaba de pie fuera de la ventana, golpeando
el marco. Él sonrió. —Ven.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Susurró—. Es después del toque de queda. ¡Las arpías patrulleras te
triturarán si te encuentran!
—Sólo vamos.
Con su corazón acelerándose, ella tomó su mano y salió por la ventana. Él la llevó a la Cabaña Uno, donde
la enorme estatua del Zeus Hippie la miraba amenazadoramente en la tenue luz.
—Um, Jason... ¿qué es exactamente...?
—Compruébalo tú misma —Le mostró una de las columnas de mármol que rodeaban la cámara circular.
En la parte posterior, casi escondidos en la pared, peldaños de hierro conducían hacia arriba, una escalera—.
No puedo creer que no me había dado cuenta de esto antes. Espera a que veas.
Empezó a subir. Piper no estaba segura de por qué se sentía tan nerviosa, pero sus manos estaban temblando. Ella lo siguió. En la parte superior, Jason abrió una pequeña trampilla.
Emergieron al lado de un techo abovedado, en una repisa plana, mirando al norte. Todo el estrecho de Long
Island se extendía hasta el horizonte. Ellos estaban tan arriba y en un ángulo tal, que nadie por debajo de ellos
podría verlos. Las arpías patrulleras nunca volaban tan alto.
—Mira —Jason señaló las estrellas, que parecían un salpicón de diamantes en el cielo, mejores joyas que
las que incluso Hazel Levesque podría haber convocado.
—Hermoso. —Piper se acurrucó contra Jason y él puso su brazo alrededor de ella—. ¿Pero no vas a meterte
en problemas?
—¿A quién le importa? —preguntó Jason.
Piper se rió en voz baja. —¿Quién eres? —Él se dio la vuelta, sus lentes parecían de bronce a la luz de las
estrellas.
—Jason Grace. Encantado de conocerte. —La besó, y... bien, se habían besado antes. Pero esto era diferente.
Piper se sentía como una tostadora. Todas sus bobinas se calentaron al rojo vivo. Un poco más de calidez
y empezaría a oler a tostada quemada.
Jason se aparto lo suficiente para mirarla a los ojos. —Esa noche en la Escuela, nuestro primer beso bajo
las estrellas...
—La memoria. —dijo Piper—. Lo que nunca sucedió.
—Bueno... ahora es real. —Él hizo el símbolo para repeler el mal, el mismo que había utilizado para disipar
el fantasma de su madre, y empujarla hacia el cielo—. A partir de ahora, estamos escribiendo nuestra propia
historia, con un nuevo comienzo. Y acabamos de tener nuestro primer beso.
—Tengo miedo de decirte esto después de sólo un beso…. — dijo Piper—. Pero por los dioses del Olimpo,
te amo.
—Yo también te amo, Pipes. —dijo Jason.
Ella no quería arruinar el momento, pero no podía dejar de pensar en Leo y cómo él nunca podría tener un
nuevo comienzo. Jason debió de presentir sus sentimientos.
—Hey —dijo—. Leo está bien.
—¿Cómo puedes creer eso? Él no consiguió la cura. Nico dijo que murió.
—Una vez despertaste a un dragón solo con tu voz — le recordó Jason—. Tú creíste que el dragón debería
estar vivo, ¿no?
—Sí, pero…
—Tenemos que creer en Leo. No hay manera de que muera tan fácilmente. Él es un chico fuerte.
—Cierto. —Piper trató de estabilizar su corazón—. Entonces creemos. Leo tiene que estar vivo.
—¿Te acuerdas de la vez en Detroit, cuando aplastó a Ma Gasket con un motor de coche?
—O los duendes en Bolonia. Leo los venció con una granada de humo casera hecha de pasta de dientes.
—Comandante Cinturón de herramientas —dijo Jason.
—Chico malo supremo —dijo Piper.
—El chef Leo, experto en tacos de tofu. —Se rieron y contaron historias sobre Leo Valdez, su mejor amigo.
Se quedaron en el techo hasta que amaneció, y Piper comenzó a creer que podían tener un nuevo comienzo.
Incluso podía ser posible contar una nueva historia en la que Leo aún estaba por ahí. En algún lugar...




LVI: Nico


AL AMANECER, ÉL SEGUÍA DESPIERTO cuando alguien golpeó la puerta.
Se dio vuelta, observando una cara con el pelo rubio, y por un breve instante pensó que era Will Solace.
Cuando Nico se dio cuenta que era Jason, estuvo decepcionado. Entonces se sintió enojado consigo mismo
por sentirse de aquella manera.
No había hablado con Will desde la batalla. Los hijos de Apolo habían estado demasiado ocupados con los
heridos. Además, Will probablemente culpaba a Nico por lo que le sucedió a Octavian. ¿Por qué no lo haría?
Nico había permitido básicamente… lo que sea que fue. Asesinato por consenso. Un suicidio horripilante.
Para entonces, Will Solace se dio cuenta que tan espeluznante y repugnante era Nico di Angelo. Por supuesto,
a Nico no le importó lo que él pensara. Pero aún así.
—¿Estás bien? —Jason preguntó—. Te ves…
—Bien —Espetó Nico. Luego ablandó su tono—. Si estas buscando a Hazel, ella todavía está dormida.
Jason articuló, Oh, y señaló para que Nico saliera.
Nico caminó hacia la luz del sol, parpadeando y desorientado. Ugh… quizás los diseñadores de la cabina
habían estado en lo correcto sobre los hijos de Hades siendo como vampiros. Él no era una persona amante
del día.
Jason no lucía como si hubiese dormido mejor. Su pelo tenía un mechón en un lado y sus lentes nuevos se
posaban torcidos sobre su nariz. Nico resistió el impulso de alcanzarlos y enderezarlos.
Jason señaló a los campos de la fresa, donde los Romanos las recogían —Era extraño verlos aquí. Ahora
será extraño no verlos.
—¿Lamentas no ir con ellos? —Nico preguntó.
La sonrisa de Jason era ladeada. —Un poco. Pero estaré yendo ida y vuelta entre los campamentos. Tengo
algunas capillas que construir.
—Lo escuché. El Senado planea elegirle Pontífice Máximo.
Jason se encogió de hombros. —No me preocupa tanto ese título. Me importa asegurarme de que los dioses
sean recordados. No deseo que luchen por celos nunca más, o saquen fuera sus frustraciones sobre semidioses.
—Son dioses —dijo Nico—. Es su naturaleza.

—Quizá, pero yo puedo intentar hacerlo mejor. Creo que Leo diría que estoy actuando como un mecánico,
haciendo mantenimiento preventivo.
Nico detectó el dolor de Jason como una tormenta próxima. —Sabes, no habrías podido detener a Leo. No
hay nada que hayas podido hacer para que fuera diferente. Él sabía qué tenía que suceder.
—Eso… eso creo. No supongo que puedas decir si él todavía está.
—Se ha ido —dijo Nico—. Lo siento. Desearía poder decirte lo contrario, pero sentí su muerte.
Jason miró fijamente en la distancia.
Nico se sintió culpable por aplastar sus esperanzas. Estuvo casi tentado a mencionar sus propias dudas…
que sensación tan diferente le había dado la muerte de Leo, como si su alma, hubiera inventado su propia ruta
al Inframundo, algo que implicaba engranajes, palancas y pistones accionados por vapor.
Sin embargo, Nico estaba seguro que Leo Valdez había muerto. Y la muerte era la muerte. No sería justo
dar a Jason esperanzas falsas.
En la distancia, los Romanos recogían su equipo y lo cargaban a través de la colina. En el otro lado, Nico
había oído, una flota de vehículos todoterreno negros esperaban para transportar a la legión a través del país de
regreso a California. Supuso que sería un viaje interesante. Él imaginaba a la Duodécima Legión entera en el
carril de auto servicio de Burger King. Imaginó a algún monstruo desgraciado aterrorizando a algún semidios
al azar en Kansas, sólo para encontrarse rodeado por varias docenas de furgones de Romanos pesadamente
armados.
—Ella la arpía va con ellos, ya sabes —dijo Jason—. Ella y Tyson. Incluso Rachel Elizabeth Dare. Van a
trabajar juntos para intentar reconstruir los Libros Sibilinos.
—Debe ser interesante.
—Podría tomar años —dijo Jason—. Pero con la voz de Delfos extinta…
—¿Rachel todavía no puede ver el futuro?
Jason sacudió su cabeza —Desearía saber lo que le sucedió a Apolo en Atenas. Quizás Artemisa conseguirá
sacarlo del apuro con Zeus y el poder de la profecía trabajará otra vez. Pero por ahora los libros Sibilinos podrían
ser nuestra única manera de conseguir guía para las misiones.
—Personalmente —respondió Nico—. Podría estar sin profecías o misiones durante algún tiempo.
—Tienes un punto —Él enderezó sus lentes—. Mira, Nico, la razón por la que quería hablar contigo…
Sé lo que dijiste antes en el palacio de Auster. Sé que ya rechazaste un lugar en el campamento Júpiter. Yo…
yo probablemente no puedo cambiar tu pensamiento sobre dejar el Campamento Mestizo, pero tengo que…
—Me quedo.

Jason parpadeó. —¿Qué?
—En el campamento Mestizo. La cabina de Hades necesita a consejero principal. ¿Has visto la decoración?
Es repugnante. Tendré que remodelarla. Y alguien necesita hacer los ritos del entierro correctamente, puesto
que los semidioses insisten en morir heroicamente.
—¡Eso es fantástico Hombre! —Jason abrió los brazos para un abrazo, entonces los congeló—Cierto. Sin
tocarse. Lo siento.
Nico gruñó. —Supongo que podemos hacer una excepción.
Jason lo exprimió tan fuertemente que Nico pensó que sus costillas se agrietarían.
—Oh, hombre —dijo Jason—. Espera a que le diga a Piper. Hey, puesto que yo también estoy solo en mi
cabina, tú y yo podemos compartir una mesa en el comedor. Podemos hacer equipo para la captura de la bandera
y concursos de canto y…
—¿Estás intentando asustarme?
— Lo siento, lo siento. Lo que sea que digas, Nico. Es solo que estoy feliz.
Lo divertido era que Nico le creía.
Nico echó un vistazo hacia las cabinas y vio a alguien saludándolo. Will Solace estaba parado en el umbral
de la cabina de Apolo, una mirada severa en su cara. Él señaló a la tierra en sus pies, como Tú. Aquí. Ahora.
—Jason —Nico dijo— ¿me disculpas?
—Así que ¿dónde estabas? —exigió Will. Él usaba la camisa de un cirujano verde con los pantalones vaqueros
y sandalias, que no era probablemente el protocolo estándar de un hospital.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Nico.
—He estado pegado en la enfermería por, como, dos días. No has pasado por aquí. No ofreces a la ayuda.
—¿Yo… qué? ¿Por qué desearías a un hijo de Hades en el mismo cuarto con la gente que estás intentando
curar? ¿Por qué cualquier persona desearía eso?
—¿No puedes ayudar a un amigo? ¿Cortar quizá los vendajes? ¿Traerme una soda o un bocadillo? ¿O
siquiera un simple ¿Cómo te va, Will?? ¿No piensas que podría estar esperando ver una cara amistosa?
—¿Qué… mi cara?
Las palabras simplemente no tuvieron sentido junto: Cara amistosa. Nico di Angelo.
—Sí que eres denso —Observó Will—. Espero que hayas desistido de esa absurda idea sobre dejar el campamentoMestizo.

—Yo, sí. . Quiero decir, me quedo.
—Bueno. Puedes ser testarudo, pero no eres un idiota
—¿Cómo puedes siquiera hablarme de ese modo? ¿No sabes que puedo invocar zombis y los esqueletos
y…
—Ahora mismo no podrías invocar una Fúrcula sin derretirte en un charco de oscuridad, di Angelo — dijo
Will—. Te dije, no más cosas inframundescas, ordenes del doctor. Me debes por lo menos tres días de reposo
en la enfermería. Empezando ahora.
Nico sentía como cientos mariposas esqueléticas resucitaban en su estómago. —¿Tres días? — Supongo
que estaría bien.
—Bueno ¡Ahora!
Un chillido ruidoso cortó el aire.
Más cerca de la chimenea en el centro, Percy estaba sonriendo a causa de algo que Annabeth le acababa
de decir. Annabeth se rió y le palmeó juguetonamente el brazo.
—Volveré en seguida —Le dijo Nico a Will—. Lo prometo por el Estigio y todo.
Caminó hacia Percy y Annabeth, quienes aún reían como locos.
—Oye, hombre —dijo Percy— Annabeth acaba de decirme algunas buenas noticias. Siento si fui un poco ruidoso.
—Vamos a pasar nuestro último año de colegio juntos —explicó Annabeth—. Aquí en Nueva York. Y
después de la graduación…
—Universidad en nueva Roma —Percy bombeó su puño como si soplara un cuerno del carro—. Cuatro
años sin monstruos que luchar, ninguna batalla, sin profecías estúpidas. Solo yo y Annabeth, consiguiendo
nuestros grados, pasándolo bien en los cafés, gozando de California.
—Y después eso…—Annabeth besó a Percy en la mejilla—. Bien, Reyna y Frank han dicho que podríamos
vivir en nueva Roma, siempre y cuando eso sea lo que queramos
—¡Eso es increíble! — dijo Nico, se sorprendió un poco al ver que lo decía en serio—. Yo me quedaré en
el Campamento Mestizo.
—¡Genial! —dijo Percy.
Nico estudió su cara — Sus ojos verdemar, su mueca, su pelo negro rizado. Percy Jackson ahora parecía de
alguna manera un individuo regular, no una figura mítica. No alguien para idolatrar o enamorarse.
—Así que —dijo Nico— ya que vamos a pasar al menos un año viéndonos en el campamento, creo que debería aclarar las cosas.
La sonrisa de Percy vaciló —¿Qué quieres decir?
—Durante mucho tiempo —dijo Nico—. Yo estaba enamorado de ti. Sólo quería que lo supieras.
Percy miró a Nico. Luego, a Annabeth, como para comprobar que había oído bien. Luego de vuelta a Nico.
—¿Tú?
—Sí —dijo Nico—. Eres una gran persona. Pero ya lo superé. Estoy feliz por ustedes.
—Tú... lo que quieres decir—
—Exacto.
Los ojos grises de Annabeth comenzaron a brillar. Ella le dio una sonrisa de lado a Nico.
—Espera —dijo Percy— Así que quieres decir…
—Exacto —Nico dijo de nuevo— Pero está bien. Estamos bien. Quiero decir, lo veo ahora... eres lindo,
pero no eres mi tipo.
—No soy tu tipo... Espera. Por lo tanto.
—Mira a tu alrededor, Percy —dijo Nico—. Annabeth.
Ella levantó la mano para chocar los cinco. Nico lo hizo. Luego se dirigió al otro lado del campo, a donde
Will Solace estaba esperando.






LV: Nico

ESA NOCHE, NICO DURMIÓ EN LA CABAÑA DE HADES
Nunca había tenido ningún deseo de utilizar el lugar antes, pero ahora que lo compartía con Hazel, era muy
diferente.
Lo hacía feliz vivir con una hermana de nuevo, incluso si fuese por sólo unos días, e incluso si Hazel insistía
en dividir su lado de la habitación con sábanas para tener privacidad, así que parecía una zona de cuarentena.
Justo antes del toque de queda, Frank vino a visitarla y pasó unos minutos hablando con Hazel en voz baja.
Nico trató de ignorarlos. Estaba tendido en su cama, que se asemejaba a un ataúd, una estructura de caoba
pulida, pasamanos de latón, almohadas y mantas de terciopelo rojo sangre. Nico no había estado presente
cuando construyeron esta cabaña. Definitivamente no sugirió estas literas. Al parecer alguien pensó que los
hijos de Hades eran vampiros, no semidioses.
Por fin Frank golpeó la pared al lado de la cama de Nico. Nico echó un vistazo. Zang ahora era muy alto.
Lucía tan… Romano.
—Hola —dijo Frank—. Nos iremos por la mañana. Sólo quería darte las gracias.
Nico se sentó en su litera.
—Lo has hecho bien, Frank. Ha sido un honor.
Frank sonrió. —Francamente, estoy un poco sorprendido de haber sobrevivido. Toda la cosa de la magia
de la leña…
Nico asintió. Hazel le había contado todo sobre el trozo de leña que controla la vida de Frank. Nico se tomó
como una buena señal de que Frank ahora pudiera hablar de ello abiertamente.
—No puedo ver el futuro —le dijo Nico—, pero a menudo puedo decir cuando las personas están cerca de
la muerte. Tú no lo estas. No sé si ese pedazo de leña se quemará. Eventualmente, todos moriremos. Pero no
será pronto, Pretor Zhang. Tú y Hazel… tienen muchas más aventuras por delante. Acabas de comenzar. Cuida
de mi hermana, ¿vale?
Hazel caminó hasta situarse al lado de Frank y entrelazar la mano con la suya.
—Nico, no estás amenazando a mi novio, ¿verdad?
Los dos se veían tan cómodos juntos que alegró a Nico. Pero también le causó un dolor en el corazón; un dolor fantasmal, como una vieja herida de guerra palpitando durante el mal clima.
—No hay necesidad de amenazas —dijo Nico—. Frank es un buen chico. U oso. O bulldog. O…
—Oh, basta. —Hazel se rió. Luego besó a Frank—. Te veo mañana.
—Sí —dijo Frank—. ¿Nico... estás seguro que no vendrás con nosotros? Siempre tendrás un lugar en Nueva
Roma.
—Gracias, Pretor. Reyna dijo lo mismo. Pero... no.
—¿Tengo la esperanza de volverte a ver?
—Oh, lo harás —prometió Nico—. Voy a ser el chico de las flores en tu boda, ¿no?
—Em... —Frank se sonrojó, se aclaró su garganta y se marchó arrastrando los pies, tropezando con la jamba
de la puerta en su salida.
Hazel se cruzó de brazos.
—Justo tuviste molestarlo con eso.
Ella se sentó en la litera de Nico. Por un rato sólo permanecieron allí en un silencio cómodo… hermanos,
hijos del pasado, los niños del Inframundo.
—Te voy a echar de menos —dijo Nico.
Hazel se inclinó y reclinó la cabeza sobre su hombro.
—Yo también, hermano mayor. Espero que me visites.
Golpeó con el dedo la nueva insignia de oficial en su camiseta.
—Ahora eres Centurión de la Quinta Cohorte. Felicidades. ¿Existen reglas en contra de citas entre centuriones
y pretores?
—Shhh —dijo Hazel—. Va a tomar un montón de trabajo el volver a poner en forma a la Legión, reparar el
daño que hizo Octavian. El reglamento sobre citas será la menor de mis preocupaciones.
—Has llegado tan lejos. No eres la misma chica que traje al Campamento Júpiter. Tu poder con la niebla,
tu confianza…
—Es gracias a ti.
—No —dijo Nico—. Una cosa es tener una segunda vida. El truco es mejorarla.
Tan pronto como lo dijo, Nico se dio cuenta de que podría haber estado hablando de sí mismo. Decidió no mencionarlo.
Hazel suspiró.
—Una segunda vida. Solo deseo...
No necesitaba acabar el pensamiento. En los últimos dos días, la desaparición de Leo había sobrevolado
como una nube sobre todo el campamento. Hazel y Nico habían sido reacios a unirse a las especulaciones
sobre lo que había ocurrido con él.
—Sentiste su muerte, ¿no? —Los ojos de Hazel estaban llorosos. Su voz era pequeña.
—Sí —admitió Nico—. Pero no sé, Hazel. Algo sobre eso es… diferente.
—Él no pudo haber tomado la cura. Nada pudo haber sobrevivido a la explosión. Creí... Creí que le estaba
ayudando a Leo. Metí la pata.
—No. No es tu culpa. —Pero Nico no estaba listo para perdonarse a sí mismo. Había pasado las últimas
cuarenta y ocho horas reproduciendo la escena con Octavian en la catapulta, preguntándose si había hecho
algo mal. Quizás el poder explosivo de ese proyectil había ayudado a destruir a Gea. O tal vez el costo de la
vida de Leo Valdez habías sido innecesario.
—Solo deseo que no hubiera muerto solo —murmuró Hazel—. No había nadie con él, no hay nadie que le
diera esa cura. No había ni siquiera un cuerpo que enterrar...
Su voz se rompió. Nico puso su brazo alrededor de ella.
La sostuvo mientras ella lloraba. Finalmente se quedó dormida del agotamiento. Nico la metió en su propia
cama y le besó la frente. Luego se fue al santuario de Hades en la esquina, una mesa decorada con huesos y
joyas.
—Supongo —dijo— que hay una primera vez para todo.
Se arrodilló y oró en silencio por el consejo de su padre.




LIV: Nico

AL DÍA SIGUIENTE NO HUBIERON MUCHAS RESPUESTAS.
Después de la explosión, Piper y Jason – quienes iban en caída libre e inconscientes— fueron arrancados
del cielo por águilas gigantes y llevados a un lugar seguro. Pero Leo no apareció. Toda la cabina de Hefesto
comenzó a recorrer el valle, encontrando trozos del casco roto del Argo II, pero no había ninguna señal de
Festus el dragón o su maestro.
Todos los monstruos habían sido destruidos o se habían dispersado. Las victimas griegas y romanas fueron
intensas, pero no fue tan malo como pudo haber sido.
Durante la noche, los sátiros y las ninfas desaparecieron en el bosque para una convocatoria de los Mayores
Hendidos. En la mañana, Grover Underwood re-apareció para anunciar que no podía sentir la presencia de la
Madre Tierra. La naturaleza estuvo más o menos de vuelta a la normalidad. Al parecer, el plan de Jason, Piper
y Leo había funcionado. Gea se había separado de su fuente de poder, encantada para dormir y luego atomizado
en la explosión de fuego de Leo y el cometa artificial de Octavian.
Un inmortal nunca puede morir, pero ahora Gea seria como su marido, Urano. La tierra seguía funcionando
de manera normal, pero Gea ahora estaba tan dispersa e impotente que ella nunca más podría formar una
conciencia.
Al menos, esto era lo que esperaban…
Octavian sería recordado por salvar Roma lanzando hacia el cielo una bola de fuego de la muerte. Pero fue
Leo Valdez quien había hecho el verdadero sacrificio.
La celebración de la victoria en el campamento fue silenciosa, debido a la aflicción, no solo por Leo sino
también por los muchos que habían muerto en la batalla. Los semidioses amortajados, tanto griegos como
romanos, fueron quemados en la hoguera y Quirón le pidió a Nico que supervisara los ritos de entierro.
Nico estuvo de acuerdo inmediatamente. Estaba agradecido por la oportunidad de honrar a los muertos.
Incluso los cientos de espectadores no le molestaron.
La parte más difícil fue después, cuando Nico y los seis semidioses del Argo II se reunieron en el porche
de la casa grande.
Jason bajó la cabeza, incluso sus anteojos estaban perdidos en la sombra. —Deberíamos haber estado allí
al final. Podríamos haber ayudado a Leo.
—No es justo —convino Piper, enjuagando sus lágrimas—. Todo ese trabajo consiguiendo la cura del médico, para nada.
Hazel rompió a llorar. —¿Piper, donde está la cura? Sácala.
Desconcertada, Piper alcanzó su bolsa de cinturón. Ella sacó el paquete del paño de gamuza, pero mientras
lo desenrollaba vio que la tela estaba vacía. Todos los ojos miraron hacia Hazel.
—¿Cómo?— Annabeth pregunto.
Frank puso su brazo alrededor de Hazel. —En Delos, Leo nos convocó aparte. Nos pidió que le ayudáramos.
A través de sus lágrimas, Hazel explicó como ella había cambiado la cura del médico por una ilusión, un
truco de la Niebla, por lo que Leo podría mantener el vial real. Frank les contó acerca del plan de Leo para
destruir a una debilitada Gea con una gran explosión ardiente. Después de hablar con Niké y Apolo, Leo había
determinado que una explosión de este tipo podría matar a cualquier mortal dentro de un rango de medio metro,
por lo que sabía que él tendría que alejarse de todos
—Quería hacerlo solo —dijo Frank—-. Pensó que sería poco probable que él, un hijo de Hefesto, podría
sobrevivir en el fuego, pero si alguien estaba con él... Dijo que Hazel y yo, que siendo romanos, entenderíamos
el sacrificio. Pero él sabía que el resto de ustedes no lo permitiría.
Al principio los demás parecían enojados, como si quisieran gritar y arrojar cosas. Pero, conforme Frank y
Hazel hablaban, la ira del grupo parecía disiparse. Era difícil estar enojado con Frank y Hazel cuando ambos
estaban llorando. También... el plan sonaba exactamente como una cosa que haría el astuto, retorcido, ridículamente
molesto y noble como Leo Valdez.
Finalmente Piper soltó un sonido en algún lugar entre un sollozo y una risa. —Si él estuviera aquí ahora
mismo, lo mataría. ¿Cómo se planea tomar la cura? ¡Estaba sólo!
—Tal vez haya encontrado una forma —dijo Percy—. Estamos hablando de Leo. Él podría volver a cualquier
momento. Entonces podremos turnarnos para estrangularlo.
Nico y Hazel intercambiaron miradas. Ambos sabían mejor que nadie, pero no dijeron nada.
Al día siguiente, el segundo desde la batalla, romanos y griegos trabajaron codo a codo para limpiar la zona
de guerra y atender a los heridos. Blackjack el pegaso se estaba recuperando de su herida de flecha. Guido
había decidido adoptar a Reyna como su humana. A regañadientes, Lou Ellen había accedido a convertir a sus
nuevas mascotas lechones de vuelta en romanos.
Will Solace no había hablado con Nico desde el encuentro en el onagro. El hijo de Apolo pasó la mayor
parte de su tiempo en la enfermería, pero cada vez que Nico lo veía corriendo por el campo a buscar más suministros
médicos, o a visitar a algún semidiós herido, sentía un extraño momento de melancolía. Sin duda Will
Solace pensaba que Nico era un monstruo, por dejar que Octavian se suicidará.
Los romanos estaban junto a los campos de fresas, donde insistieron en construir su campamento estándar Los griegos colaboraron para ayudarles a levantar las paredes de tierra y cavar las zanjas. Nico nunca había
visto nada tan extraño y genial. Dakota compartió Kool—Aid con los niños desde la cabina de Dionisio. Los
hijos de Hermes y Mercurio se reían, contaban historias y robaban descaradamente cosas de todo el mundo.
Reyna, Annabeth y Piper eran inseparables, vaganban por el campo como un trío para revisar el progreso de
las reparaciones. Quirón, escoltado por Frank y Hazel, inspeccionaba las tropas romanas y los alabó por su
valentía.
Por la tarde, el estado de ánimo general había mejorado un poco. El salón comedor nunca había estado tan
concurrido. Los romanos fueron recibidos como viejos amigos. El entrenador Hedge merodeaban entre los
semidioses, radiante y sosteniendo un bebé y diciendo: —Oye, ¿quieres conocer a Chuck? ¡Este es mi hijo,
Chuck!
Las chicas de Afrodita y Atenea arrullaban por igual sobre el enérgico bebé sátiro, que agitaban sus puños
regordetes, pateaba sus pezuñas pequeñas y decía: — ¡Baaaa! ¡Baaaa!.
Clarisse, quien había sido nombrada Madrina del bebé, siguió detrás del entrenador como un guardaespaldas
y ocasionalmente murmuraba: —Está bien, todo bien. Dale al niño un poco de espacio.
En el momento del anuncio, Quirón se adelantó y levantó su copa. —De cada tragedia — él dijo— viene
nueva fuerza. Hoy, le agradecemos a los dioses por esta victoria. ¡A los dioses!
Todos los semidioses se unieron al brindis, pero su entusiasmo parecía silenciado. Nico entendió la
sensación: salvamos a los dioses otra vez, ¿y ahora tenemos que darles las gracias?
A continuación, Quirón dijo: —¡Y por los nuevos amigos!.
—¡POR LOS NUEVOS AMIGOS!
Cientos de voces semidióses hicieron eco a través de las colinas.
En la fogata, todos se mantuvieron mirando las estrellas, como si esperaran que Leo reapareciera como un
tipo de sorpresa dramática de último minuto. Tal vez se abalanzaría, saltando fuera de la espalda de Festus y
empezando a contar chistes cursis. No sucedió.
Después de un par de canciones, Reyna y Frank fueron llamados al frente. Tuvieron un estruendoso aplauso
de los griegos y los romanos. Arriba en la Colina Mestiza, la Atenea Partenos brillaba más resplandeciente
que la luna, como si dijera: Estos chicos están muy bien.
—Mañana —Reyna dijo— nosotros, los romanos, debemos regresar a casa. Agradecemos su hospitalidad,
especialmente desde que casi los matamos.
—Tú casi mueres —Annabeth corrigió.
—Lo que sea, Chase.
—¡Oooooohhhhh! —dijo la multitud.

Entonces todos empezaron a reír, empujándose unos a otros. Nico incluso sonrió.
—De todos modos — Frank asumió el control—. Reyna y yo estamos de acuerdo. Esto marca una nueva
era de amistad entre los campamentos.
Reyna le dio una palmada en la espalda. —Es cierto. Durante cientos de años, los dioses trataron de separarnos
para evitar peleas. Pero ahora hay una mejor especie de paz, cooperación.
Piper se puso de pie entre el público. —¿Estás segura de que tu mamá es una diosa de la guerra?.
—Sí, McLean —dijo Reyna—. Todavía tengo la intención de luchar en un montón de batallas. ¡Pero de
ahora en adelante lucharemos juntos! Eso obtuvo una gran ovación.
Zhang levantó su mano pidiendo silencio. —Todos serás bienvenido en el Campamento Júpiter. Llegamos
a un acuerdo con Quirón: un intercambio libre entre los campamentos: visitas de fin de semana, los programas
de formación y por supuesto, ayuda de emergencia en tiempos de necesidad.
—¿Y las fiestas? —preguntó Dakota.
—¡Si, señor! —dijo Conner Stoll.
Reyna extendió sus brazos. —No hace falta decirlo. Los romanos inventamos las fiestas.
Otro gran Oooohhhhhhhh!
—Gracias —concluyó Reyna— a todos ustedes. Pudimos haber escogido odio y guerra. En su lugar encontramos
la aceptación y amistad.
Entonces ella hizo algo inesperado, Nico después pensaría que lo habia soñado. Caminó hacia Nico, que
estaba parado a un lado en las sombras, como de costumbre. Tomó su mano y lo acercó gentilmente a la luz
del fuego.
—Teníamos una casa — dijo—. Ahora tenemos dos.
Le dio un gran abrazo a Nico y la multitud rugió con aprobación. Por primera vez, Nico no tenía ganas de
alejarse. Enterró su cara en el hombro de Reyna y parpadeó las lágrimas que querían salir de sus ojos.